📅 Percances, cuartelillo y Cartago (día 9)
Hoy ha sido, sin duda, el día más movido de todo el viaje. ¡Hemos pasado de visitas culturales al cuartelillo!
Nuestro primer destino era Hammamet, a una hora larga de coche. En ruta pasamos por un puente sobre un río donde había, de nuevo, ¡flamencos! Como queríamos verlos de cerca, nos metimos por un caminito de tierra de pocos metros que nos acercaba al agua. Ahí vino el primer incidente del día.
Los flamencos estaban bastante cerca y también había garzas. Para los que no estamos acostumbrados a ver estos animales, era un espectáculo que quisimos repetir. Estuvimos un rato observando cómo comían.

🦩 El incidente de la rueda
Aquí empezó la aventura. Al ir a subir al coche, vimos que una de las ruedas estaba pinchada. No teníamos claro qué hacer porque nunca nos había pasado y llevábamos rueda de repuesto normal (nos la enseñaron al recoger el vehículo).
Por la mañana, al recoger el coche donde lo aparcamos fuera de la medina, notamos que una rueda estaba un poco floja, pero no le dimos importancia. Supongo que al meternos por el camino de tierra, la cosa empeoró. Decidimos cambiarla nosotros mismos porque ya solo nos quedaba un día de viaje, aunque luego nos dijeron que deberíamos haber avisado al servicio técnico. Tenía un clavo completamente hundido.
🕌 Hammamet: Una Medina Impecable
Con la rueda nueva llegamos a Hammamet, una de las ciudades costeras más turísticas por su proximidad a la capital.
- La Medina: Dicen que es de las mejor conservadas de Túnez. Le dedicamos una hora. Es pequeña, se ve rápido y no había muchas tiendas abiertas.
- Ambiente: Es un sitio muy turístico, con restaurantes al borde del mar y hoteles de nivel. El agua tiene un color turquesa precioso.
- Paseo marítimo: Es muy bonito, con un ribat y un cementerio junto al mar que crea un entorno especial. Estuvimos callejeando un buen rato. El color del mar era turquesa, muy parecido al de Monastir.

👮 El «encuentro» con la policía
A punto de salir de Hammamet, con el tráfico caótico del domingo, tuvimos el gran percance:
El Fitipaldi: Un coche que llevábamos detrás se puso a adelantar a toda velocidad en raya continua. Casi se choca con el coche de delante nuestro cuando este giró a la izquierda bruscamente, obligándole a frenar en seco.
El choque: Como el conductor iba impaciente, en la siguiente rotonda nos dio un golpecito por detrás mientras hacíamos un STOP. Fue flojo, pero por el tema del seguro intentamos hacer foto a la matrícula. Ahí se puso muy agresivo; el conductor decía que estaba prohibido hacer fotos e intentó quitarnos el teléfono.
La sorpresa: Cuando la cosa se calentó, ¡resultó ser un coche de la policía! Como allí los coches están tan destartalados y la pegatina de policía estaba medio borrada, no nos dimos cuenta. Cuando quisimos bajar el tono, ya era tarde; el agente se había cabreado e hizo uso de toda su autoridad.
La odisea hacia la comisaría: El policía se puso borde, nos requisó la documentación y el seguro del coche y nos ordenó seguirle. Dieron media vuelta allí mismo, en una calle de solo dos carriles, y tuvimos que maniobrar como pudimos para no perderlo. Salió a toda pastilla entre el tráfico y casi lo perdemos de vista porque no nos esperó en ningún momento. Por suerte, el cuartelillo estaba a unos cientos de metros en esa misma calle.
La espera y el final «cordial»: Al llegar, nos soltó un «esperad aquí 5 minutos» y se largó de nuevo en su coche. Los 5 minutos se convirtieron en una hora larga hasta que apareció el jefe. Por suerte, este resultó ser más amable. Le explicamos que pensábamos que era un espontáneo que nos había dado un golpe y quería fugarse, y que para nosotros (entre los nervios y lo viejo que estaba el coche) no era obvio que fueran agentes. Al final, la tensión se disipó y terminó todo en plan «amigos, amigos», con besos entre los caballeros en señal de amistad.
🏛️ Cartago: Historia entre Termas y Estelas
- Horario: de 8.30h a 17h.
Llegamos a Cartago con mucho retraso y las carreteras colapsadas (quizás por algún partido de fútbol, a juzgar por las camisetas de la gente; quizás fue casualidad; o quizás es la tónica de la capital.
La visita consiste en diferentes zonas separadas entre sí. Lo más destacado son las Termas de Antonino. Compramos la entrada conjunta (20 dinares en lugar de los 12 habituales, como en las visitas anteriores) que sirve para varios recintos. Estas son las visitas que hicimos:
- Tophet de Salambó: Un sitio de antiguos sacrificios; es impresionante por la historia, aunque visualmente sea una explanada con estelas de piedra. Fue el primer lugar que visitamos y aquí no se puede sacar la entrada. Nos dijeron que ya la compraríamos en las termas.
- Puerto púnicos: Hoy parecen estanques, pero albergaban más de 200 barcos de guerra. Está muy cerca del anterior y está al aire libre. También tiene un pequeño museo, que no visitamos y donde supongo que si debe haber taquilla.
- Colina de Byrsa: Donde están el Museo Nacional y la Catedral de San Luis. Ambos suelen estar cerrados y, por el retraso, decidimos anular esta subida.
- Las Termas: Eran un lugar clave para la vida social romana. Sólo quedan las bases de las estructuras y alguna columna, así que para mí fueron un poco flojas, como ya habíamos leído, y más tras ver todas la otras ruinas durante nuestro viaje.

Cementerio Americano:
- Horario: de 9 a 17h.
Es uno de los cementerios que Estados Unidos tiene repartidos por todo el mundo donde tuvieron lugar batallas de la Segunda Guerra Mundial.
Hay enterrados más de 2.000 soldados, que perdieron la vida mayormente en Marruecos y Argelia. También hay el Muro de los Desaparecidos, donde están grabados los nombres de más de 3.000 soldados desaparecidos en combate; una roseta marca los nombres de aquellos que posteriormente fueron recuperados e identificados.
Es un cementerio muy al estilo de Normandía y lo visitamos por curiosidad ya que está cerca.

🏘️ Sidi Bou Said (Visto desde la barrera)
Fue el gran sacrificado del día. Decidimos no ir por la «mafia» que hay con el aparcamiento (leímos que ponen cepos incluso pagando), teniendo en cuenta que son calles estrechas y, por lo tanto, es difícil aparcar. Tras lo de la comisaría y el pinchazo, no queríamos más líos. Además, el Palacio Ennejma Ezzahra, el plato fuerte, estaba cerrado por restauración.
Nuestra alternativa al parking de Sidi Bou Said era haber aparcado en el Cementerio Americano y desde allí ir en taxi, pero con lo tarde que se había hecho, descartamos todo.
🛌 Fin de jornada en la Villa Belvedere
Nos alojamos en las afueras de Túnez para evitar el tráfico de la Medina: la Villa Belvedere, una mansión muy agradable junto al parque del mismo nombre.
Cena: Volvimos a la comida rápida. El parque estaba muy animado, lleno de familias, pero solo había palomitas y algodón de azúcar, así que cenamos en un local cercano: pizza de atún (apuesta segura) y un sándwich típico en pan de pita.
