La conquista del Cerro Tortuguero y un cumpleaños en el Caribe (día 14)

Día de ritmo más tranquilo y sin prisas, ideal para descansar de las jornadas maratónicas anteriores, explorar el punto más alto del Caribe costarricense y volcar la tarde en la celebración del cumpleaños de nuestra hija.

El descarte de actividades y la tranquilidad de la mañana

En la planificación inicial teníamos previsto que ella hiciera el tour de los canales a mitad de mañana y que por la tarde todos realizáramos una caminata nocturna por la selva. Sin embargo, con el clima húmedo del día anterior y habiendo disfrutado ya al máximo del desove de las tortugas y los canales a remo, decidimos descartar ambas actividades. No hacía falta llenar cada hora del reloj; el cuerpo pedía saborear el destino a otro ritmo. Así que desayunamos tranquilamente en el hotel, disfrutando de la mañana sin grandes madrugones.

Ascensión al Cerro Tortuguero: La joya panorámica del día

La gran actividad de la jornada fue la excursión al Cerro Tortuguero, una experiencia absolutamente chulísima y 100 % recomendable que se convirtió en uno de los momentos más memorables de la estancia.

  • Logística y transporte local (La Periférica): Para llegar a la base del cerro (ubicado en la comunidad de San Francisco, al otro lado del canal principal) hay que coger el barco regular La Periférica en el embarcadero central. Tarda unos 5 minutos y cuesta 1.500 colones por persona y trayecto (se paga en efectivo directamente a la capitana del barco).
    • Horarios de ida: 6:00 h, 8:45 h, 10:45 h, 12:15 h, 14:15 h, 15:45 h, 17:00 h.
    • Horarios de vuelta: 6:30 h, 9:45 h, 11:30 h, 13:15 h, 15:00 h, 16:30 h, 17:30 h.
  • Entrada del SINAC: Compramos la entrada para el Sector Cerro Tortuguero a través de la web oficial del SINAC (~2,26 $ USD / persona). Curiosamente en destino no había nadie pidiéndola, así que nos la podíamos haber ahorrado.
  • El sendero de pasarelas: La subida está perfectamente acondicionada mediante un sistema de pasarelas elevadas y escalones de madera que protegen el ecosistema y facilitan el ascenso. Aunque la humedad tropical se hace notar en cada paso y el desnivel hace sudar, la caminata discurre sumergida en una selva frondosa que aporta un agradable frescor, envuelta por el sonido de los monos aulladores y el canto de multitud de aves. En el primer mirador estuvimos disfrutando un buen rato con una familia de monos. Por el camino también vimos un par de ranas rojas (atención porque son minúsculas, pero igualmente venenosas).
  • Las vistas desde la cima: Alcanzar el mirador en la cúspide (el punto más alto de toda la costa caribeña de Costa Rica) es un espectáculo. Desde arriba se contempla una panorámica brutal de 360 grados donde el inmenso canal comparte espacio con la inmensidad del salvaje Mar Caribe. Como dice la canción: agua dulce, agua salada, fluyendo conjuntamente.
  • ¡Ojo con las barandillas!: Entre las muchas hormigas de todos los tamaños que vimos por la zona, uno de nosotros recibió un picotazo. Parece ser que se esconden en el envés de las barandillas metálicas… y la hormiga era bastante grande. El dolor fue muy intenso y punzante, y el dedo comenzó a hincharse un poco. Preguntamos al guía de un grupo que llegó en aquel momento y nos comentó que, según la persona, se podía llegar a hinchar la mano o el brazo, pero que no parecía que fuera a ir a más. Una mujer del grupo nos ofreció amablemente pomada para picaduras que fue de gran ayuda, ya que en un rato el dolor había remitido considerablemente.
  • El camino de la izquierda: Es la otra ruta que se puede hacer tras la bajada. Se trata de un camino llano de baldosas de piedra que te adentra aún más en la selva. Debido a las intensas lluvias del día anterior, había una parte anegada donde el agua fresquita nos llegaba hasta el tobillo. Por suerte, nuestras sandalias romanas nos salvaron de nuevo y disfrutamos muchísimo este tramo, donde además pudimos avistar más monos.

El descubrimiento de la «pipa» en San Francisco

En el mismo puerto de San Francisco venden cocos (o pipas) por 1.000 colones. Compramos uno para compartir antes de irnos a comer, ya que nunca habíamos probado un coco sin acabar de madurar. Te lo abren al momento para beber el agua (que estaba súper fresquita porque los tienen en una nevera con hielo) y la pulpa interior es gelatinosa y suave; se desprende fácilmente usando como cuchara la misma tapa cortada del coco. ¡Todo un descubrimiento!

Tarde de relax, fauna en el pueblo y cena de cumpleaños

Tras volver en barco de Cerro Tortuguero, repetimos comida en la Soda D’Leite. Después dedicamos la tarde al relax total y a disfrutar de la piscina del hotel. Tras el diluvio del día anterior, la tarde estuvo repleta de vida silvestre: vimos tucanes, iguanas verdes, buitres de cabeza roja, multitud de pájaros y varias parejas de guacamayos (estos últimos eran fijos en la zona de nuestro hotel, ya que acudían a alimentarse de los almendros del jardín).

Por la noche apañamos la cena de cumpleaños en el propio alojamiento. Compramos pollo frito en el pueblo, teníamos bebidas frescas y nos montamos la cena en la zona común del restaurante del hotel, que cerraba pronto. El broche de oro lo puso la tarta personalizada que le habíamos encargado el día anterior a la pastelera local gracias al contacto de la recepcionista; era preciosa y estaba riquísima. Cenar en mitad de la selva caribeña, con el sonido del mar de fondo y soplando las velas en familia, fue la mejor forma posible de despedir nuestra última noche en Tortuguero.

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