De la jungla de Tortuguero a la historia de Cartago (día 15)
Jornada pura de transición. Nos tocaba despedirnos de la tranquilidad de Tortuguero, recuperar nuestro 4×4 en Cariari, separar rutas con la familia y poner rumbo por carretera hacia las montañas centrales.
Regreso en barca: Del silencio al «gallinero»
El trayecto en bote de ida días atrás había sido facilísimo y fuimos casi solos, pero la vuelta fue una historia completamente distinta. Nos citaron a las 08:30 h en el muelle principal de Tortuguero, pero aquello se convirtió en un auténtico caos de mareos: nos cambiaron de embarcadero, nos hicieron volver al original, avisaban por radio de que quedaban diez plazas aquí o allá… Un descontrol absoluto.
Salimos pasadas las 09:00 h en un barco que iba a reventar y con una navegación bastante brusca. Como el bote iba tan cargado, cada vez que se cruzaba con otra embarcación tenía que frenar bastante y todos nos adelantaban, lo que retrasó mucho el viaje y no llegamos a La Pavona hasta las 10:15 h aproximadamente. El contraste con la calma de la selva fue brutal: al llegar, el puerto parecía un gallinero, con colas enormes de gente para embarcar y el restaurante del muelle (que por la tarde estaba vacío) totalmente abarrotado. Sigo pensando que Tortuguero no está preparado para tanta masificación, pero esto ya es otro tema…
Reencuentro de vehículos y separación de rutas
Ya en tierra firme ellos recogieron su coche en el parking vigilado de La Pavona (donde habían pagado 20 $ USD por noche) y nos trasladaron por carretera hasta nuestro hotel en Cariari. Recuperamos nuestro 4×4 sin haber pagado un solo colón de estacionamiento y cancelamos la reserva que teníamos guardada allí hasta las 18:00 h.
Tras comprar unas pastas en la terminal de autobuses, llegó el momento de la despedida: ellos continuaron su ruta hacia las playas del Caribe Sur (Puerto Viejo / Cahuita) y nosotros tomamos la carretera hacia el interior con destino a Cartago.
Camino a Cartago y parada en las Ruinas de la Iglesia de Ujarrás
El trayecto hasta Cartago fue de unas 3 horas. Aunque eran solo unos 115 km, la velocidad media en estas carreteras hace que el viaje se alargue. Antes de entrar a la ciudad, aprovechamos para hacer una parada hacia las 14:00 h en las Ruinas de la Iglesia de la Inmaculada Concepción de Ujarrás.

¿En qué consiste?: Es un recinto pequeño y agradable que alberga los restos de una de las iglesias más antiguas de Costa Rica (de la que quedan poco más que un par de paredes de piedra del siglo XVII).
Es un lugar muy fotogénico, perfecto para estirar las piernas. En 10 minutos está visto, pero merece la pena la parada rápida.
Tarde en Cartago: Historia, devoción y logística

Al llegar a Cartago aparcamos en un parking privado del centro (1.000 colones / hora) para movernos a pie y visitar sus puntos clave:
- Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles: Nos gustó muchísimo. Tiene una estructura de madera en el techo supercuriosa y muy decorada por dentro. Queríamos ver a la célebre Virgen Negra (La Negrita), pero la imagen principal no estaba en su altar habitual de la basílica porque la habían trasladado temporalmente a la catedral con motivo de los actos de la Romería.
- El centro y las Ruinas de la Parroquia de Santiago Apóstol: Paseamos por la plaza central, que es preciosa y cuenta con una estatua impresionante en el centro. Justo al lado se encuentran las emblemáticas Ruinas de la Parroquia de Santiago Apóstol, rodeadas por un jardín impecable y muy bien cuidado.
- Catedral de Nuestra Señora del Carmen: Caminamos un par de calles desde la plaza para llegar a la catedral. Allí pudimos ver finalmente a la Virgen Negra en el altar, aunque se estaba celebrando misa y la figura es tan pequeña que apenas se distinguía más que un punto negro dentro de un marco dorado.
- Mercado Central: Aprovechamos también la visita al animado Mercado Central de Cartago, situado a pocos pasos de la plaza, para dar una vuelta y hacer algunas compras locales.

Cambio de aires y noche en el Valle de Orosí
Cartago ciudad transmite una sensación muy distinta a la naturaleza que veníamos viendo: hay mucha más presencia policial, rejas por todas partes y un ambiente más caótico. Para comer algo rápido fuimos a un McDonald’s donde podíamos vigilar el coche cargado con todo el equipaje directamente desde la ventana.
Por esa misma razón preferimos no alojarnos en la ciudad y buscamos noche en Orosí, a unos 15 km (media hora en coche), cerca del mirador del valle. Llegamos con una sincronización perfecta: mientras bajábamos las maletas del coche empezó a chispear, y no habíamos terminado de cerrar la puerta del hotel cuando cayó un diluvio espectacular.