Caos en la capital y ruinas históricas en Stari Bar

Si el día 3 fue de imprevistos, el día 4 fue una clase magistral de supervivencia viajera. Lo que iba a ser un día de observación de aves y relax terminó siendo un laberinto de carreteras cortadas por la policía que nos obligó a rediseñar el viaje sobre la marcha.

El desayuno de hoy incluye embutido de casa y un pan espectacular de la cena de anoche, con miga muy esponjosa y corteza crujiente.

Las Cataratas del Niágara (versión montenegrina)

Empezamos el día a solo 15 minutos de Podgorica para visitar las cascadas del río Cijevna, conocidas popularmente como las «Cataratas del Niágara».

  • Realidad: Obviamente no tienen el tamaño de las americanas, pero son muy fotogénicas. En invierno llevan bastante agua y el cañón que forman es espectacular. Estuvimos una horita larga disfrutando del paisaje antes de que empezara el caos logístico.

Bloqueo total en Podgorica: El día de las tres horas perdidas

Nuestra intención era bajar al sur, a las salinas de Ulcinj (famosas por ser reserva de aves y refugio invernal de flamencos y pelícanos), en nuestra misión de avanzar visitas para tener el mañana el día más relajado, pero Montenegro nos tenía preparada una sorpresa:

  1. Carreteras cortadas: Al intentar salir hacia el sur, la policía tenía cortados todos los accesos principales. Vimos incluso a gente bajando de los coches y arrastrando maletas por la autovía.
  2. El laberinto: Tras tres horas dando vueltas por los alrededores de Podgorica, hablando con varios policías (que nos mandaban hacia el norte para poder ir al sur) y viendo que incluso el acceso a Virpazar (Lago Skadar) estaba cerrado, tomamos una decisión drástica.
  3. Cambio de planes: Cancelamos el hotel de esa noche en Virpazar (por suerte el dueño fue amable y aceptó la cancelación gratuita) y nos fuimos directos a Petrovac, donde ya teníamos reserva para fin de año y que nos ampliaron otra noche más para hoy.

Sveti Stefan: La joya de la corona

De camino a Petrovac hicimos la parada obligatoria en el mirador de Sveti Stefan.

  • El lugar: Es esa isla unida a tierra por un istmo de arena. Antiguamente era un pueblo de pescadores, pero hoy es un resort de ultra-lujo (Aman Resorts) donde la habitación puede rondar los 1.000€.
  • La foto: Aunque no seas huésped, la panorámica desde la carretera es, probablemente, la más espectacular y fotogénica de todo Montenegro.

Stari Bar: Historia entre olivos milenarios

Primero nos fuimos directamente hasta Stari Bar, y qué acierto. No hubo más remedio que volver a Cetinje, para desviarnos hacia Budva y de ahí hasta Bar, no había otra opción. A diferencia de la ciudad moderna, «Bar la vieja» es un museo al aire libre.

De camino visitamos la catedral ortodoxa de San Juan Vladimir en el Bar nuevo. Personalmente, nos gustó mucho más que la de la capital; su estética y sus cúpulas son preciosas y es más grande. También tiene algunos elementos espectaculares de mármol en el interior. Y luego nos dirigimos a la ciudad antigua.

  • Contexto Histórico: Stari Bar fue abandonada tras un terremoto en 1979 y siglos de asedios (bizantinos, venecianos y otomanos). Pasear por sus ruinas y su fortaleza es como retroceder en el tiempo. Las vistas desde arriba de toda la zona son impresionantes. Nos gustó mucho esta visita y estuvimos una hora larga. La entrada costó 5€ y se puede pagar con tarjeta.

Cena y «psicología aplicada» en Petrovac

Llegamos al Ambassador Apartment en Petrovac a las 17:00, ya de noche cerrada. Habíamos ampliado una noche más por el chat de reserva y nos lo dejaban al mismo precio, 42€ la noche. El alojamiento dispone de Spa, además con horario muy amplio e ilimitado, así que empezamos por ahí. Dispone de sauna seca, sauna húmeda y una gran piscina cubierta, que hubiera estado mejor con el agua más calentita, pero que aún así disfrutamos.

Para cenar, decidimos probar suerte en un restaurante local que teníamos fichado.

  • La experiencia: Nos trataron de maravilla. Usamos un poco de «psicología aplicada» preguntando si abrían mañana para fin de año y conectamos tan bien que nos regalaron los chupitos de Rakija (el aguardiente típico de frutas) y el postre, el pastel típico Trilece, un postre muy ligero (dentro de lo que cabe) porque el bizcocho está empapado en leche y se deshace en la boca.
  • Gastronomía: Cenamos carne empanada, super tierna, y pollo con salsa de queso y setas, también delicioso.

Y como de noche hace mucho frío, volvimos al hotel y acabamos el día.

Nos ha quedado un sabor agridulce porque los platos fuertes eran las aves en las salinas y el lago y se han caído, pero una vez fuera del atasco, las visitas han estado muy bien.

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