Para nuestro último día completo de ruta, la meteorología nos dio otra pequeña tregua. Aunque el cielo amenazaba con diluviar, aprovechamos cada minuto de la mañana para cerrar el círculo de la Bahía de Kotor antes de que el tiempo cambiara definitivamente.

Perast y el lujo de Porto Montenegro

Tras desayunar en el alojamiento, nuestra primera parada fue Perast, un tesoro costero de piedra y palacios venecianos.

  • Logística: Aparcamos gratis a la entrada del pueblo (hay una barrera que delimita la zona de pago). Perast es pura estética; paseamos entre sus iglesias y antiguos palacios, que encontramos cerrados. Por la inestabilidad del cielo, decidimos no cruzar a la isla de Nuestra Señora de la Roca y disfrutar del magnetismo del pueblo desde la orilla.

Pusimos rumbo a Tivat para visitar Porto Montenegro, el símbolo del lujo extremo. El contraste con las aldeas de pescadores es radical:

  • Museo Marítimo al aire libre: Junto al parking gratuito hay piezas navales impresionantes, como anclas gigantes y submarinos que se pueden ver de cerca sin pagar entrada.
  • El Errante: Localizamos de casualidad la escultura «The Nomad» del escultor catalán Jaume Plensa, que ha cambiado de ubicación y ya no está en primera línea de mar. Pasear por la corniche viendo yates descomunales es una experiencia curiosa, casi de otro mundo.

Un hallazgo gastronómico: Restaurante Walter y el pastel Trileće

De vuelta a Kotor, comimos en el centro comercial Kamelija, en el restaurante Walter. Fue un acierto total: tiras de ternera con salsa de queso y una escalopa muy tierna. Comida reconfortante ideal para un día gris.

Pero el gran hallazgo fue en la pastelería de ayer, justo frente al centro comercial. Encontramos el Trileće (pastel de Tres Leches) recién hecho por 2,5€. Es un bizcocho empapado en leche, esponjoso y nada empalagoso. Compramos dos porciones: una para la cena y otra para el aeropuerto. ¡Simplemente de otro planeta!

Justo al terminar las compras, empezó el diluvio… aunque nos dio tiempo a llegar al apartamento.

¡Mañana ponemos rumbo al aeropuerto, pero nos llevamos un trocito de Montenegro en la mochila (y en el estómago)!


El regreso: Logística en Tivat y Conclusión

Nuestro último día en Montenegro estuvo marcado por una lluvia intensa que nos obligó a cancelar la subida a la Fortaleza de San Juan. No se recomienda el ascenso con lluvia (ni por el camino gratuito ni por el oficial) ya que el terreno resbala bastante. No creo que se tengan mejores vistas que desde el Bar Horizonte, pero era un reto personal. En fin…

El Aeropuerto de Tivat: Consejos prácticos

Como no podíamos hacer visitas, devolvimos el coche temprano. Tivat es un aeropuerto muy manejable por su tamaño, pero conviene ir preparado:

  • Devolución del coche: No hubo incidentes físicos, pero estamos con la reclamación a través de Booking por los neumáticos de invierno cobrados y no entregados, además de los gastos forzosos por los problemas del vehículo. El depósito fue devuelto en menos de una semana!! Consejo: Haced siempre fotos propias al recoger y entregar.
  • Precios prohibitivos: El bar del aeropuerto es carísimo (cafés y cruasanes a 6€). Menos mal que llevábamos nuestro pastel Trileće del día anterior y provisiones.
  • Embarque: No abren el control de seguridad hasta poco antes del vuelo porque la zona de puertas es minúscula y casi no hay sitio para sentarse.

El día resultó, climatológicamente hablando, muy intenso. En Tivat llovía, pero en Belgrado había una gran nevada que generó retrasos y cancelaciones durante toda la jornada. Tuvimos suerte, porque el avión que debía llevarnos a Belgrado venía precisamente de allí; llegó con más de una hora de demora, lo que en teoría nos haría perder nuestra conexión. Sin embargo, justo antes de despegar y quedarnos sin internet, vimos que nuestro siguiente vuelo también se había retrasado. Así, bajo un aeropuerto de Belgrado absolutamente cubierto de nieve, las pantallas fueron actualizando la información hasta que, finalmente, salimos con 5 horas de retraso en un plácido viaje de vuelta a casa.

🇲🇪 Conclusión del viaje

Montenegro nos ha regalado paisajes de vértigo como el del mirador del Bar Horizonte, historia en cada piedra de Kotor y Stari Bar, lugares ocultos como el búnker de submarinos en Luštica y una gastronomía que te hace sentir como en casa.

A pesar de los imprevistos logísticos, las carreteras cortadas y el temporal, este país nos ha demostrado que el invierno le sienta de maravilla a las Montañas Negras. Nos vamos con la maleta llena de recuerdos algunos imprescindibles que han quedado pendientes y muchas ganas de volver para navegar, esta vez con sol, por la Bahía de Kotor.

¡Hvala (gracias), Montenegro! 🍾✨

Introducción: Montenegro en Navidad

Itinerario por Montenegro en invierno (día a día)