Como ya auguraban las previsiones meteorológicas, hoy el mapa se tiñó de gris. Empezó a llover de noche y nos despertamos en Herceg Novi bajo un diluvio que convirtió las famosas escaleras de la ciudad en auténticas cataratas. Con una probabilidad de lluvia del 100% para los próximos días, el plan de «pueblear» por la bahía se convirtió en una ruta de fotos desde la ventanilla del coche. Una pena porque tenía muy buena pinta Herceg Novi para callejear un rato.

Desayunamos en la habitación, no había agua así que ni asearnos pudimos y, cuando “amainó” un poco, fuimos cargando con el equipaje hasta el coche, unos 300 metros. Las calles eran una balsa de agua. Por suerte en invierno siempre llevamos nuestras botas de goretex!! Imprescindibles para agua y nieve.

Supervivencia al volante: El drama del hotel-mirador

Volvimos hacia Kotor bordeando la bahía tranquilamente y parando de vez en cuando. Era una cortina de agua lo que teníamos y ni bajar del coche se podía. Teníamos una reserva en un hotel espectacular con vistas entre Kotor y Tivat, pero la montaña nos dio un aviso.

  • El peligro: A solo 150 metros de la llegada, nos encontramos con una rampa impresionante. Al no llevar ruedas de invierno y ver cómo el coche de delante patinaba sin control, decidimos no arriesgar. Las carreteras aquí son estrechas y, con lluvia extrema, se vuelven traicioneras.
  • El contraste: A diferencia de lo que nos pasó en Virpazar (donde nos cancelaron gratis por el corte de carretera), este hotel no cedió y nos cobró 50%, o sea una noche (43€). Gajes del oficio viajero. En cualquier caso vamos a reclamar a Booking por el tema del problema con el coche y/o por el acceso al alojamiento. Pero, de todos modos, no creo que sea el lugar adecuado en invierno y menos teniendo en cuenta que tienen el restaurante cerrado en temporada baja y, obligatoriamente hay que desplazarse a Kotor para comer.

Regreso a Kotor: Como en casa

Decidimos volver a lo seguro y buscamos alojamiento en Kotor, justo al lado de donde estuvimos el primer día.

  • La suerte del viajero: Encontramos un apartamento modernete con cocina y microondas. La dueña fue encantadora porque reservamos hacia el mediodía y nos presentamos directamente y nos recibió fregando y nos preparó el alojamiento en un momento, con lugar para aparcar. Tip: Aparcar en Kotor es un auténtico reto (vados, zonas privadas, multas), así que tener parking incluido es un tesoro.

Aprovechamos una pequeña tregua de la lluvia para recorrer el casco antiguo de día.

  • El paseo: Caminamos por las murallas que rodean la ciudad, una experiencia que te permite ver los tejados naranjas y la estructura veneciana desde otra perspectiva. Se hace rápido, pero es imprescindible.
  • Cultura y Festivos: Nos encontramos con que casi todo estaba cerrado. ¿El motivo? El 1 y 2 de enero parece que es la celebración de Año Nuevo, así que había muchos lugares cerrados. El restaurante casero que nos encantó el primer día no abre hasta el día 15, y los supermercados estaban cerrados. Hemos visto que la primera quincena de enero aprox cierran algunos restaurantes.

Gastronomía… y la cena perfecta

Al estar todo cerrado por el festivo y la lluvia, tiramos de recursos locales en una pizzeria en el casco antiguo. Comimos espaguetis fruiti di mare, a su estilo, y carne empanada, muy buena!

  • El Burek: Compramos Burek en la pastelería para cenar en el apartamento. El burek es el «rey» del street food balcánico: una masa de hojaldre potente rellena de carne (en nuestro caso) o queso o espinacas. Al tener microondas en el nuevo alojamiento, fue la cena ideal para refugiarnos del frío.

También compramos una kremsnita, postre de hojaldre y crema que descubrimos en Eslovenia y que hacen en toda la zona, lo hemos comido en otros países.

Aun hemos tenido muchísima suerte que el tiempo nos ha dado tregua durante el día y hemos podido hacer algunas visitas 💪.

Día 8 y 9: Perast, Tivat y vuelta a casa (Kotor)

Introducción: Montenegro en Navidad

Itinerario por Montenegro en invierno (día a día)