Se habían caído visitas imprescindibles como las aves en Ulcinj y el lago Skadar, así que hoy no nos íbamos a arriesgar a quedar bloqueados en un atasco como nos pasó ayer, siendo Nochevieja.

Después del caos logístico de ayer, decidimos que el último día del año sería para nosotros. Sin coche, sin mapas y sin estrés. Un día de «slow travel» para disfrutar de Petrovac, su costa y su ambiente pre-Nochevieja.

Un despertar de spa y tranquilidad

Hoy no hubo alarmas. Empezamos el día con un buen desayuno en el hotel y una sesión de spa. Tras los kilómetros acumulados, el cuerpo pedía un descanso. Salimos a explorar el pueblo sobre las 11:00 h, con un sol radiante pero un frío que ya avisaba: la sensación térmica era de unos -3 °C.

Petrovac es un pueblo pequeño pero con mucho encanto. Intentamos ir al mirador de la izquierda de la bahía, pero el acceso estaba cortado por derrumbes. Así que cruzamos el pueblo, en el que hay un par de pequeñas iglesias —una de las cuales encontramos cerrada—, y pusimos rumbo al otro lado de la bahía, hacia la fortaleza Kastel Lastva, una pequeña fortificación veneciana del siglo XVI que vigilaba la costa.

El Camino de Ronda: Túneles y vistas infinitas

Desde la zona de la fortaleza sale un camino de ronda que fue, sin duda, el acierto del día. Es un paseo ancho, cómodo y muy fotogénico que bordea los acantilados.

  • Lo mejor: El camino atraviesa varios túneles horadados directamente en la roca. Las vistas a las islas de Katič y Sveta Nedjelja (donde hay una diminuta iglesia en lo alto de una roca) son espectaculares con la luz del invierno.
  • Ambiente: Había mucha gente paseando, aprovechando el solecito antes de que cayera la temperatura.

El «hotel fantasma»: El gigante dormido de Perazića Do

Siguiendo el camino llegamos a la playa de Perazića Do, y allí nos encontramos con una estampa impactante: el Hotel AS. Es un mastodonte de hormigón abandonado que nos recordó muchísimo al caso del Algarrobico en España.

  • Un poco de historia: Este proyecto empezó en 2002 con la idea de ser uno de los hoteles más lujosos del Adriático. Sin embargo, tras décadas de problemas financieros y legales, quedó paralizado.
  • El estado actual: Lleva más de 20 años así. Es una estructura colosal con grúas y grafitis que resulta fascinante de visitar. Entrar un poco a curiosear y ver la magnitud del abandono fue una de las partes más interesantes de la caminata.

Seguimos un poco más hasta el Monasterio Rezevici en lo alto de la colina para completar la caminata, tardando menos de una hora en volver al centro de Petrovac. Quizás la visita a la iglesia sería prescindible, pero nos ayudó a completar la actividad. Sin duda, llegar hasta el hotel abandonado AS merece mucho la pena.

Al volver al paseo marítimo de Petrovac, ya se sentía el ambiente de fiesta. Había un escenario montado, pruebas de sonido y música en la calle. Eso sí, en cuanto el sol empezó a bajar, el frío se volvió intenso.

Una Nochevieja por fin redonda (a la tercera fue la vencida)

Después de dos Nocheviejas consecutivas bastante surrealistas —una pasada en un aeropuerto y otra cenando comida de supermercado—, este año tocaba romper la racha.

Petrovac, más grande y con ambiente incluso en invierno, ha sido la elección acertada: alojamiento cómodo en el Hotel Ambassador, buena ubicación y varios restaurantes abiertos a pocos minutos a pie. Todo ha funcionado como esperábamos y, por fin, hemos despedido el año como toca. A veces no es cuestión de ir lejos, sino de que todo encaje. Y esta vez, sí. 🍾✨

Aunque en nuestro hotel organizaban una cena de gala con escenario y mesas preparadas, preferimos nuestro plan tranquilo. Me informé anticipadamente y el precio era de 70 € por persona, sin bebidas. Como el año anterior un plan similar acabó mal, preferimos asegurar, y la alternativa del día anterior parecía muy fiable.

Así que para la última cena del año, no nos la jugamos. Volvimos al restaurante Katic porque nos encantó el trato y la calidad. Fuimos temprano porque nos confirmaron que cierran a las 22:00 h para irse a cenar con sus familias.

  • Cena de despedida: Pedimos un plato típico para dos que incluía algunos pescados, langostinos y calamares, además de arroz y guarnición de verdura.
  • El postre: No podíamos irnos sin repetir el Trileće (Tres leches), ese bizcocho empapado de leche y con caramelo por encima que es pura adicción. ¡También tomamos vino montenegrino y Rakija!

¡Mañana empezamos el año nuevo con energía para seguir descubriendo la costa!

Día 6: Intento de Budva + búnker de submarinos + ferry en la bahía (Herceg Novi)

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Itinerario por Montenegro en invierno (día a día)